«EL TORO»

Evitáme, Señor, los picadores,
el acecho voraz del mercenario,
la multitud, las burlas, el calvario,
los escualos, las hienas, los roedores.

No te ruego indulgencias ni favores:
que se presente listo el emisario
a cumplir con rigor Tu calendario
sin duda o compasión por mis errores.

No reclamo batirme con grandeza:
que transcurra cobarde en un segundo
la súbita y certera puñalada.

Al corazón abierto con franqueza,
atraviésalo rápido y profundo
cuando me llegue el tiempo de la espada.


Volver a El Regreso del Joven Príncipe