«AUSENCIA»

Déjame ir, ya nada puedo darte,
porque todo te di cuanto fue mío
y la vida se hiela como un río
que pierde la razón de prolongarse.

Ya no intentes siquiera aproximarte
hasta el filoso umbral de mi vacío.
Poco a poco me abrazo con el frío
del mármol incapaz de acariciarte.

Pero hubo un tiempo claro y vespertino
cuando me reflejaba cristalino
a la luz evasiva de tus ojos.

Y en la noche regreso descubierto
a la rada serena de tu puerto
en donde, sin saber, fuimos dichosos.


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