«EL NOMBRE JUSTO»

Existe el nombre justo de las cosas
para llamar las cosas por su nombre:
va en el tono interior de quien las nombre
el don con que las sufres o las gozas.

Si en su origen son feas o preciosas,
no las salva el disfraz de un sobrenombre.
¿No es del hombre la fuerza por ser hombre?
¿Son más bellas las rosas por ser rosas?

No escape de los labios la palabra
si no afirman tus ojos su misterio:
no respondas, amor, si tienes duda.

Si no encuentro la llave que los abra,
labios mudos serán de cementerio,
fieles a la verdad que los desnuda.

14-IV-04


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