«RIMAS PARA UN CHICO DE LA CALLE»

Triste, en la esquina y solo, estaba el niño
- un libro de poesía entre las manos -.
Enfrentando sus límites cercanos,
vi su rostro, en perfecto desaliño.

Miré sus ojos negros con cariño
absortos en esfuerzos sobrehumanos
y sabiendo que todos serían vanos
me acerqué, y al mirarme, le hice un guiño.

Sentándome a su lado, amarillento,
tomé después el libro con cuidado,
disputando sus hojas con el viento.

Leí versos románticos y sabios
en rimas que un poeta ya olvidado
llevó hasta sus oídos por mis labios.

Alejandro
24/agosto/2010
Bogotá


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